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El Pirri: el cine quinqui murió en un descampado

José Luis Fernández Eguía, todo un personaje de los ochenta que alternaba las calles con los platós

El Pirri: el cine quinqui murió en un descampado
El Pirri: el cine quinqui murió en un descampado Alejandro Prado

Los mapas de las ciudades-dormitorio  que rodeaban Madrid estaban perforados por descampados. No importaba si era el centro o las afueras. No importaba si era en Getafe, Leganés, Parla, Villaverde o Vallecas. Te ponías a andar y cada tres calles había un descampado. 

Normalmente, los niños de los ochenta y noventa los usábamos para jugar al fútbol, siempre que no estuviesen ocupados por yonquis, que solían trapichear o drogarse en los escasos bancos del terreno.

Aquellos jóvenes escuchimizados no daban miedo, casi eran un elemento más del paisaje urbano. Hace poco pasé con el coche por una calle poligonera de Villaverde y vi una ristra de yonquis haciendo sus cosas de yonquis y sentí un estremecimiento. Es curioso cómo nos cambia la evolución social.

El otro día, viendo Flores para Antonio, el estupendo documental sobre Antonio Flores, salió alguna escena de la película Colegas (1982), de Eloy de la Iglesia, donde actúa el hijo de Lola con su hermana Rosario. Yo, como cada vez que veo algo de cine quinqui, me acuerdo del Pirri, siempre secundario en aquel género tan extraño.

José Luis Fernández Eguía, El Pirri, era más que un actor, era todo un personaje, y por eso su presencia en televisión era asidua. En una entrevista de la época, José Luis Íñigo lo trató de forma desdeñosa, ridiculizando que solo hiciese papeles de “golfillo”. Pero aquello no eran películas de Kaurismäki o de Bergman, era cine quinqui y El Pirri se interpretaba a sí mismo.

Mejor le trataba Fernando García Tola, quien lo fichó como colaborador en el programa Querido Pirulí, de finales de los ochenta. Era el crítico de cine y su labor era comprar su entrada de “cuatro libras y media” (traducción para centenials: 450 pesetas; más traducción: 2,70 euros), ver la peli y analizarla en el programa. Robocop, El último emperador o La chaqueta metálica solían ser “debuten”, aunque acabase reconociendo que se había dormido un rato o no la había entendido mucho. Toda la crítica, por supuesto, con ese acento suyo tan macarrónico y natural que hacía que fuese de los pocos de aquellos actores amateurs que no era doblado en las cintas. Incluso el eterno protagonista, José Luis Manzano, aparecía con otra voz.

En esas andaba El Pirri cuando fue hallado muerto en un (cómo no) descampado de Vicálvaro. Un chute o pico, como se decía en la época, de heroína adulterada se lo llevó por delante con solo 23 años. 

Pocos días después, Querido Pirulí dedicó un especial a la lacra de la droga con un plantel de invitados inconcebible hoy: la abuela y la novia del Pirri; el mítico doctor Cabeza, autor de la autopsia; un yonqui que explicó cómo se siente el mono, y expertos de toda índole. Pura tele de los ochenta.

Tras la turra, las recomendaciones:


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Alejandro Prado

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Alejandro, ¿Tendrías algún inconveniente en que publicara estos artículos en mi blog personal
www.comunicacionyverdad.com?

Por supuesto que citarla claramente la fuente.

26d
Alejandro Prado
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Hola. Gracias por el interés, pero acabo de empezar en esto y prefiero que lo que escribo aparezca solo en mi sitio. Por supuesto que puedes citar o incluir algún extracto si lo ves conveniente, pero no quiero que aparezca el texto entero en otras webs. Un saludo

24d
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