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Perlas de micronostalgia para entender el presente

El Palacio de Linares: fantasmas de mentira en las noticias de verdad

En 1990 todos nos volvimos un poco locos con Raimunda y otros espíritus, por supuesto todos inventados

El Palacio de Linares: fantasmas de mentira en las noticias de verdad
El Palacio de Linares: fantasmas de mentira en las noticias de verdad Alejandro Prado

Una imagen acudía algunas noches a torturar mi mente infantil. Un señor con bigote me señalaba mientras emitía un escalofriante grito. Bastantes años después, ya con la ayuda de internet, supe que se trataba de la última escena de la película La invasión de los ultracuerpos.

El origen del pequeño trauma -tampoco duró mucho tiempo- probablemente venga de la laxitud que había en mi casa con el cine de terror, porque igual se veía a altas horas de la noche La profecía, que Pesadilla en Elm Street o El exorcista. Pero lo cierto es que eso también me sobrevacunó: ahora no veo pelis de miedo porque, sencillamente, no me dan miedo.

Otro episodio que perturbó un poco el sueño en mi infancia fue el de los fantasmas del Palacio de Linares de Madrid. Más bien era una mezcla de curiosidad morbosa y abundancia de información. Quizá pueda sorprender a gente más joven, pero este sainete esotérico copó el contenido de los pocos canales que había entonces y apareció en las portadas de revistas y periódicos.

Psicofonías

Por poner un poco de contexto. Una investigadora llamada Carmen Sánchez de Castro contó que en el palacio había fantasmas, y para demostrarlo aireó una supuestas psicofonías donde se medio escuchaban unas rencillas familiares de los ectoplasmas. Una supuesta relación incestuosa entre los marqueses de Linares, una supuesta niña, Raimunda, hija del pecado… Curiosamente, el actor, director y aristócrata Luis Escobar contó la leyenda en un artículo de El País en 1989, un año antes de los sucesos.

El caso es que durante unos días no se habló de otra cosa en España que de esos fantasmas asentados en el centro de Madrid. Los programas de variedades se volvieron monotemáticos en una época donde el sensacionalismo apenas tenía presencia, con las teles privadas recién nacidas; y en los informativos, Raimunda se codeaba con Gorbachov, Felipe González o George Bush.

“La serpiente de verano se ha adelantado”. Así introdujo Mari Carmen García Vela la pieza que dedicó Informe Semanal al tema. Incluso Torcuato Luca de Tena se vio obligado a intervenir para defender el buen nombre de los marqueses de Linares. El propio palacio se llenó de periodistas y curiosos que se colaban durante la noche, dejándolo todo hecho un asco por la mañana, lleno de colillas y restos de comida.

Pero la burbuja no tardó en explotar, y fueron los propios cabecillas del gremio esotérico quienes más contribuyeron a ello. El doctor Jiménez del Oso, el padre Pilón o el peculiar Tristan Braker hicieron sus propias investigaciones y no tardaron en concluir que Carmen Sánchez de Castro, más que dudosa doctora en Psiquiatría, había organizado todo un montaje para ganar notoriedad. Incluso se supo después que una actriz grabó las voces de ultratumba.

“Mi hija Raimunda…”

Todo se derrumbó en cuestión de días, pero eso no impidió que se siguiese hablando del tema y que cada cual lo explotase a su manera. La revista Tiempo, por ejemplo, vendió un porrón de ejemplares en los que incluía los casetes de las psicofonías, con hits como “mi hija Raimunda nunca me llamó mamá”. Sabíamos que era mentira, pero nos daba igual. 

El mito perdura aún hoy, trasladado de generación en generación. El Palacio de Linares será siempre sinónimo de fantasmas, o fantasmones, por mucho que merezca la pena visitar el majestuoso edificio, sede de la Casa América, o comer en el restaurante que hay en uno de sus jardines, por cierto, de nombre Raimunda.

Tras la turra, las recomendaciones:


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Alejandro Prado

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